miércoles, 25 de noviembre de 2009

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viernes, 20 de noviembre de 2009

"Has a otros lo que quieres que a ti te hagan"

Como era de esperar, los comentarios al post anterior acerca de los peines me han sido desfavorables o talvez no entendieron la escencia de lo narrado. Tomando en cuenta lo comentado, debo decir que ya sé que los peines se compran a 50 centavos en cualquier tienda de la esquina. Ya sé que es difícil conseguir una buena compañera para toda la vida, y muchas personas o terminan solas o mal acompañadas (como muchos creen que es el caso de mi esposa). Estoy de acuerdo completamente con ello, pero esa no es la escencia del post.


La escencia es: "Has a otros lo que quieres que a ti te hagan". Si tú eres cumplido, entonces exige que aquellos que te rodean lo sean contigo. Eso a todo nivel, en casa, en el trabajo, con los amigos, con los hijos, CON LA PAREJA. "Enseña con el ejemplo" también se podría aplicar en este caso.

Ahora, deben haber relaciones perfectas entre padre-hijo, jefe-empleado, esposo-esposa y demás, en donde JAMÁS se dan diferencias. Felicitaciones por ello, pero he visto muchos casos donde lo que parecía ser la perfección, termina siendo la perdición.

Por qué esta tan mal visto que una persona se queje por lo que otros dicen "son tonterias". Es una cuestión de fondo, no de forma. Tus tonterías pueden ser algo muy importante para tu esposa, para tu hijo, para tu amigo y se deben tener en cuenta.

Cuesta tanto ponerte en los pantalones del otro y decir, "caramba, creo que algo de razón tiene en renegar y exigir esas cojudez que esta exigiendo".

Cuando yo escucho renegar a alguien (y vengo de una extensa familia de renegones) le digo, a ver cuéntame. Me cuentan. "Ah carajo, tienes todo el derecho de molestarte!". No digo "pero son tonterias, tranquilo, seguro te hicieron eso sin querer, mejor anda al chinito de la esquina y compra tus peinecitos y deja tranquilos a los que te rodean".

Uno tiene todo el derecho de exigir lo que por mérito le corresponde. Una vez en la farmacia tenia que comprar una pastilla de 10 centavos. Tenía 20 soles y 50 céntimos. "No hay cambio" me dijeron. Le dije "Quedate entonces con los 50 céntimos y dame sólo una".
Me dijeron "No, sale en tira de 10 a 1 sol". Le dije "es para la presión alta, y debo tomarla ahorita o me muero". "No hay cambio me dijeron". Le dije entonces que era su problema no tener cambio, no mio y que debía darme una solución. Entonces llamó al motorizado y él fue a cambiar.

¿Qué debí hacer? Tenía tres farmacias al frente. Las tres me dijeron lo mismo porque están acostumbradas a no dar la atención que como clientes merecemos. Esa misma atención merecemos de todos si es que nosotros somos atentos. Esa es la escencia de mi post anterior. Si no la entienden, bueno pues. Nada más se puede hacer.

Ah! saben como termina la historia de los peines????? Al día siguiente había un baldecito con 6 peines de todos los colores.

sábado, 7 de noviembre de 2009

¡Tanta cosa por un peine!

Siempre recuerdo cuando mi papá renegaba (y reniega) por lo que aparentemente son cosas simples, cojudeces mejor dicho. La primera: cuando no había servelleta de tela en la mesa. "Blanquearán mis barbas" decía. Recién en ese momento le daban una, con el consiguiente fastidio de mi mamá o de alguno de nosotros que pensaba: "tanta vaina solo por una servilleta, caramba". Mi mamá en una época decidió hacer ella misma sus servilletas de papel: cortó en cuadraditos ese papel marrón con el que envolvían las cosas que comprabas, creo que le llamaban o llaman papel de despacho. El hecho es que lo puso dentro de un vaso en el centro de la mesa y mi papá, al utilizar las nuevas servilletas por primera vez, dijo "vieja, estas servilletas me hacen dolor los bigotes".

Otra cosa que le hace renegar mucho, es que no dejen la puerta de los baños cerrada. Y no me refiero sólo cuando ya se usó, sino cuando se está usando. No sé si es norma general, pero mi mamá y mis hermanas no cierran con llave el baño cuando lo están usando. Mi vieja incluso deja la puerta entreabierta. Una de mi hermanas simplemente ya no tiene puerta en el baño de su dormitorio. Es que es su casa, y ella puede sacar todas las puertas si quiere. Y es por esto mismo que pienso que si mi papá, con la gentileza que le caracteriza, pide que se cierren las puertas, entonces deberían cerrarse. Él es el dueño de la casa, junto con mi mamá, y lo que dice debería hacerse, aunque parezca una exageración. Decir "tanta vaina por una puerta abierta" es, para mí, una falta de respeto y consideración.

Desde que me casé, he comprendido muchísimo más a mi papá, y le he querido aún más de lo muchísimo que ya le quiero. Hace un par de meses (digamos medio año) compré en la tienda del chinito de San Luis, tres peines. No esos típicos peines negritos flaquitos de bolsillo, sino unos mas gorditos, curveados, con las cerdas plásticas más separadas. Los tres los puse juntos en el baño verde (el que usamos los Tejada Lam) y pedí que por favor si alguien sacaba uno, lo dejara en su sitio para peinarme todas las mañanas.

Compré tres en mi esperanza de que, bueno pues, si se perdía uno, quedaban dos. Si se perdían dos, quedaba uno. Encontraba los peines en lugares que iban desde la comoda de Lucianita, hasta el mueble cerca a donde dejamos las llaves en la cocina, pasando por la lavandería, el baño de servicio, etc. etc. etc. Al recogerlos de esos sitios, y especialmente si estaban el resto de habitantes de la casa (vivo con mis suegros como muchos deben saber) decía en voz alta: "parece que hay fiesta de peines porque no he encontrado ninguno".

Si estoy con el pelo corto, normal, me peino con mis manos. Pero si esta un poco crecido, entonces no me queda más que usar un peine. Casi nunca (o mejor dicho nunca últimamente) encontraba uno de los benditos peines que compré en la tienda del chino de San Luis (chino que comenzó recontra parco y malagracia, pero que ahora esta recontra criollo, creo que gracias a la choclona que atiende con él y que creo ya le esta dando curso).

Bueno entonces no aguanté, renegé y renegé y se acerca mi esposa a darme un peine. Ahi me di cuenta que ella -casi siempre- había sido la que agarraba los benditos peines y no los ponía en su sitio. Es más, en esta útima ocasión ella había sacado el veintiúnico peine que rescaté y que escondí arriba del espejo del baño. O sea, había descubierto el escondite, se había hecho del peine, y lo había dejado en la cómoda de la bebe.

Si las mujeres (no todas por supuesto, pero casi todas) tienen el recurso de llorar cuando en una discusión las cosas se ponen calientes, la embarazada (pero ella sí con motivos plenamente justificados) apela a sus cambios de humor propios de su estado de gravidez, las madres tienen el recurso de "Es que lo hice por la bebé", "Fue para peinar a la bebé" es lo que me dijo. O sea, debo entender que Lucianita, nuestra bebita de casi 3 años, le dijo "Mamita, peíname pero no dejes el peine en el baño verde porque quiero que a papito le entre el indio y se moleste y reniege y comience mal su día". Si es asi, pucha, pobre del que será el novio de mi hija.

Y precisamente eso pasó, me enfurecí. Y me enfurecí porque yo hace muchísimo tiempo que cumplo con mi compromiso de no dejar tirada mi ropa, sea limpia (o sea, que voy a volver a usar) o sucia. La doblo y la guardo o la pongo bien doblada sobre la cama, o si esta sucia va al cesto que tenemos para tal fin. Tanta molestia es llevar un peine que pesará unos 20 gramos, de vuelta a su sitio. Procedí entonces a botar toda la ropa sucia del sesto y a esparcirla por todo nuestro cuarto, no sin lanzar antes algunos objetos por los aires.

Estoy seguro que muchas personas que leen esto dirán, como lo dijo ella: "Tanta cosa por un peine". Pero no es el peine, es el pedido que hice y en el cual se surraron. Es el hecho de no cumplir un compromiso cuando yo SÍ cumplí el mio. Son los recuerdos de mi viejito lindo haciéndose doler sus bigotes con ese papel marrón horrible y duro.

Hay un dicho que dice "No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti". Yo lo digo al revés: "HAS a otros lo que quieres que te hagan a TI". Si yo cumplo con mi parte, pues entonces exigo que cumplan conmigo. Yo SÍ espero que las personas a las que cumplo y hago atenciones, lo hagan conmigo, y no como decía mi sabia madre: "se surren en la noticia".

Sorry viejito por haber pensado en algunas ocasiones "que pesado, que se paré a sacar su servilleta" o "ya no reniegues, y cierra tu la puerta". Bien me decías "hijito, cuando seas padre y tengas tu hogar, entenderás". ¡Cuánta razón tenías!

Te adoro papá.

NOTA DEL AUTOR:
EStoy seguro que como Camila en su comentario, todos dirán "Ay Germán, no seas malo con tu chinita, pobrecita, ella seguro no lo hace por molestar". Son ya 13 años que yo soy siempre el malo de la pelicula, soy yo el histérico, soy yo el impaciente, soy yo el fregado. Eso pasa probablemente por exigir que se me trate como yo trato, o por ser una persona con carácter. Igual, ya estoy acostumbrado. De verdad pobre ella que no tuvo suerte al conseguir un mejor esposo.

En 13 años casi nunca nadie me ha dicho "Germán, tienes razón. Yo he pasado por lo mismo y es justo que te molestes y mejor aún que lo hagas notar". Como menciono, yo pensaba igual cuando mi papá renegaba y ahora tanta razón le doy.

Curiosamente las pocas personas que me han dado la razón en pequeñas situaciones como éstas, son aquellas que también son las "malas de la pelicula" o las dominantes o las que deciden. Cuán equivocados podemos estar cuando de parejas se trata. Lo que vemos, no necesariamente lo es en realidad.

Porseacaso, lo del peine ha sido hace 4 días, ya estoy bastante calmado y ademas ya taladré la pared para amarrar otro peine y esperar que no lo saquen. No es mi intención que se rían con este post, si no que se den cuenta que las personas renegonas, histéricas, exigentes lo son por algo.

Si hubiera redactado este post con toda la cólera encima, tengan por seguro que el INTERNET se hubiera colgado por sobre-saturación JAJAJAJA

PAZ Y AMOR PARA TODOS!. Como diría mi compadre: "Say No More".