lunes, 19 de abril de 2010

Los Cortes de Cabello


Recuerdo que el primero con llegar con un peinado wave (tipo hongo) fue Rubén. En tercero de media. Al salir de colegio la gran mayoría de nosotros recurría al mismo peluquero en la calle Tupac Amaru, frente al mercado: Lee (léase Li). Nunca supe su nombre real, mucho menos su apellido; y es que ese era su nombre artistíco, como tantos otros que había por la zona y que optaban por un prudente pseudónimo.


Él era (y digo era porque tuvo un fin trágico que ya lo leerán más adelante) un peluquero gay. No era operado ni optó por un nombre netamente femenino (como otro peluquero de otros dos amigos -cuyos nombres no revelaré- de nombre Melissa) pero si se mandaba unas uñazas que serían la envidia de un águila americano, o mejor aún para seguir con la honda de Hecho en Perú, un cóndor. No recuerdo bien, pero creo que también tenía algo desarrollado el pecho, aunque no creo que con silicona. Bueno.


Llegué a él por intermedio del chino Lucho. Era un persona muy amable y no muy conversadora (me refiero a Lee no al chino Lucho, que también lo era. No gay, sino que era también amable aunque muchísimo más conversador). Jamás intentó algún tipo de contacto que no sea referido al acto del corte de pelo, aunque por ahí hubieron alguna vez ciertos comentarios de mis amigos -clientes suyos también- que aseguraban haber sentido cierta protuberancia a la altura de los hombros.


Primero llegamos ..... y yo. Luego ..... Luego ...... y ....... Como verán, no voy a dar nombres, aunque no tendría nada de malo porque eramos simples clientes de un peluquero, que además cortaba muy bien el cabello. El costo: 5 soles. Los soles de ahora. O sea que tampoco era tan barato ya que en el centro de Lima, los practicantes creo que cobran 3 soles o menos por corte.


Recuerdo que dentro de su salón de belleza (para las mujeres) o peluquería (para los hombres) había una cortina que dividía en dos el salón. La zona de corte acomodaba unas tres sillas con sus respectivos espejos, y no tengo ni idea de que tan grande sería la otra zona, pero sí se que había una cama por que en ocasiones tocabamos la puerta (la mitad era de vidrio) y él salía con cara de sueño a atendernos.


Otros dos amigos iban a Melissa. Sólo sé que era ya tío. Su característico timbre de voz (agudo y recontra exagerado) se hizo célebre. Dice uno de sus clientes regulares que cada vez que iban, y se anunciaban: "¿Melissa?.....". Él contestaba: "¿Sííííííí'?". "¿Puedes cortarme el pelo?" preguntaban. Y la Meli contestaba: "Sí. Pasa para mojarte." Tendrían que oirlo, era muy gracioso. Al decir pasa para mojarte, se refería al lavado previo de cabeza que siempren hacen en los salones de belleza y que generalmente esta a cargo de algún aprendiz a peluquero. Mariconcitos que o fueron el ex-lava carro o el ex-viandero. Pero generalmente, varoncitos convertidos.


No recuerdo en qué momento, un amigo que vivía -y vive- cerca a lo que fue el salón de belleza, aprendió el oficio de peluquero. Sólo sé que alguien dejo una maquina de cortar cabello en su sala, él la agarró y procedió a practicar con un pata que se manejaba una pelucaza. Sin darnos cuenta, casi todos habíamos dejado a Lee y nos fuimos donde este pata nuestro, quien hasta se hizo de una de esas telitas tipo mandil que te ponen para cortarte el pelo.


El problema con nuestro amigo, un super macho a diferencia de Lee y Melissa, era que era TOSCO. Sí. Tosco. Seguramente para no tildarlo de gay-peluquero nos jaloneaba el pelo al cortarnos. A pesar que yo le decía "Caramba ...... No tienes que ser tosco" el seguía siendo, digamos, no muy sutil. Además, se avivó y nos quizo cobrar por corte. Ahí terminó su carrera de peluquero y muchos regresamos a Lee.


Lamentablemente Lee fue hallado muerto en su salón de belleza y según me contaron no le robaron nada, lo que hace pensar un ajuste de cuentas. Él ayudaba a su mamá, era una excelente persona con quien podías contarle de problemas en casa, con tu enamorada, o simplemente hablar de lo que había ocurrido en el día a día. No mereció morir así.


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