jueves, 27 de agosto de 2009

Mi primer año como profesor de primaria.

Cuando nació Luciana, el año 2007, yo decidí que de alguna manera tenía que obtener más ingresos económicos para todo lo que se venía. Analicé mi situación y vi que en el área de sistemas del colegio donde trabajo ya había llegado a cierto tope, y que la mejor manera de escalar posiciones en un colegio es de profesor.

Como ya tenía experiencia dictando, entonces dije porque no reorientar mi carrera a Educación. Y asi lo hice. Postulé a la Cayetano y logré entrar. Esto fue en Abril de 2007, y calculaba que para el 2010, ya con el título en la mano, pediría mi cambio en el mismo colegio donde trabajo además de buscar enseñar en alguna institución superior en las tardes o noches.

Pero, y siendo yo un creyente en el destino, fue en Julio de 2008 que mi querida amiga y jefa me dice, con ese tonito que siempre ella pone cuando te va a decir algo importante (lo malo es que el tonito solo te indica la importancia del tema, más no si es a favor o en contra), "Germán, ven un ratito afuera, quiero hablar contigo".

Fuimos entonces a las afueras del CSF, que es el área de sistemas donde trabajaba como analista-programador. Es un pasadizo de unos 30 metros, que conecta las oficinas administrativas con el CSF. Le pusimos: "El Hall de los pedos perdidos" porque en más de una ocasión vimos a personas (entre profesores y personal administrativo) mirar a ambos lados, sigilosamente, levantar levemente la cadera, y segundos después seguir su paso, no sin dibujárseles una sonrisita, comprometedora y relajante a la vez, en la cara.

Ella ya sabía la dirección que había decidido tomar en mi carrera, entonces me preguntó: "¿Cómo te sentirías enseñando a niños en primaria? ¿Aceptarías ir para allá?". Yo le contesté con total seguridad que sí, que yo esperaba secundaria (ya me habían dado tres horas con tercero de secundaria) pero que bacán, que sería toda una experiencia y un reto. "Además" -me dijo- "quedá también disponible el mismo puesto acá en Secundaria". "Pero ese es mio" me dijo tajantemente y riendo.

Las cosas se dieron como caídas del cielo. Nadie sacó a nadie. Ni en primaria ni en secundaria; y en ambos casos los profesores fueron a oportunidades laborales o académicas que habían esperado y buscado.

Tengo ya un año enseñando a toda la primaria (acá, primaria es de segundo a quinto grado). Son 24 aulas de 26 alumnos cada una. Enseño un periodo por semana. Mientras escribo esto, recuerdo lo que le dije a Mariela (mi querida y admirada jefa y amiga) sobre aquello de que hubiera esperado enseñar en secundaria. No puedo estar más contento acá en primaria.

Como profesor tengo a Danny, una excelente persona y una tremenda ayuda con las clases y los chicos (sobretodo mi primera temporada Julio-Diciembre 2008). Es queridísimo por alumnitos y tiene siempre su club de fans que lo visita en los recreos.

Como analista-programador (y es que fue una de las condiciones de mi directora: "eso sí Germán, no nos mandes a nadie para sistemas. Tú tienes que seguir apoyándonos". Sobretodo en el tema de notas ya que en el resto de temas de sistemas mi pata Copito esta trabajando muy bien), tengo a Mr. Pinto. Mi primer amigo en el cole quien ya había sido enviado para el local de primaria en el 2002 o por ahí. Nunca perdimos contacto asi que fue como un reencuentro. También él tiene un nutrido club de fans.

No puedo terminar sin mencionar a mis alumnitos. Cada año tiene su encanto (y también su reto ya que no todo es color de rosa porseaca). Segundo grado aprende más despacito, entonces hay que limitar lo que se enseña. Mejor enseño poco y aprenden todo, que enseñar mucho y no aprenden nada. En tercer grado ya están más grandecitos, pero aún tienen el encanto de ser niños pequeños. En cuarto grado cambia la cosa, están más inquietos y hay que ser un poco estrictos. Quinto es lo máximo (¿será por que es la promoción de mi hijo?). Estan a muy poco de la adolescencia y ya se puede compartir un poco más con ellos.

Han llegado computadoras nuevas para nuestro laboratorio, netbooks para los salones, asi como proyectores y smartboards. Entre los tres (Danny, Mr. Pinto y yo) debemos hacer que todos estos recursos tecnológicos sirvan para que los alumnos, nuestros alumnos, aprendan más y mejor, sin descuidar lo que para mí es una regla básica: Un alumno tiene que ser feliz en el colegio. Yo lo fui, y ahora como profesor, también lo soy.

2 comentarios:

  1. Hermoso post, como siempre!!! Es lindo ver cómo disfrutas lo que haces. Y esa es la forma de trabajar sin que el trabajo se convierta en una carga.
    Por algo dicen que los niños siempre vienen con un pan bajo el brazo no? Felicidades Germancho. Un beso grande

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  2. Germanchito! muy entretenido tu blog, no sabia esta faceta tuya, ahora de teacher!, ya habiamos visto en plena acciòn algunas de esas caracterìsticas básicas para ser profesor, como tu elocuente manera de exponer!!, muy buenos recuerdos de clases y reuniones de grupo en el Markham, como no conocer ese pasadizo que llamas...hmmmm, me quedo con el nombre de "pasos perdidos" jaja. Es una gran labor enseñar, y màs aún a niños. congratulations!!!

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