miércoles, 8 de julio de 2009

El Covida

Desde enero de 1984 hasta enero de 1990 viví frente a Risso. No el centro comercial, sino el agrupamiento residencial. En una quinta en la avenida Hipólito Unanue que fue testigo de unos partidazos de fúlbito, de charlas de patas (esa estrella dice.... ¿te acuerdas Lion?), de mi negocio de venta de chicha morada (gracias a lo cual pude comprar mi radio Sanyo), del choque que me di sacando el Toyota contra el VW de mi viejo por ver a mis primas (que estaban recontra buenas). Y tantas cosas más.

Bueno, pero la casa era alquilada y el dueño -amigo de mi viejo- la pidió de regreso desde de haberle tenido en alquiler por más de seis año. Entonces mi papá consiguió una casa en Monterrico. Algunas semanas del verano del 90 las pasé todavía en la quinta, pero de ahí nos tocó mudarnos.


El principal tema que nos preocupaba a todos era la movilidad. Cómo iba a ir y venir del cole (más aún, como bajaría a mi Lince querido durante lo que eran mis últimas vacaciones de escolar). Recuerdo que mi hermano se mandaba unos tremendos jatos desde el Centro de Lima hasta Monterrico-trabajaba en la municipalidad- y yo lo despertaba en su paso por la Av. Canevaro.

La movilidad escogida era "El Covida". Me dejaba a unas 5 cuadras no muy largas de la nueva casa de Monterrico; y en sentido contrario, en pleno corazón de mi zona, a unas dos cuadras de mi colegio, el Maryknoll (sí, el que está frente al Touring).


Hay tantas cosas que recordar. La primera que se me viene a la mente es todo el tiempo que tomaba el viaje. No me imagino ahora en esos trotes de tomar micro, y reconozco como el mejor invento del hombre al automóvil. En condiciones ideales: poco tráfico; un asiento asegurado, si era ventana mejor para apoyar la cabeza; un micro con menos de 20 años de antiguedad; y un chofer recontra avezado tomaba unos 45 minutos. Ojo que estoy hablando de hace casi 20 años atrás.

Pero en condiciones desfavorables: mucho tráfico; parado y con todo tipo de olores y edores; micro recontra antiguo y para rematarla con paro de pormedio (de verdad, ahora están regresando los paros, no? como extraño a... bueno. Casi una hora y media.



Como no recordar al chofer de micro. Con el pantalón a la moda, es decir más abajo de la cadera. Cualquiera diría ¡que sexy!. Claro, si es una chiquilla de buen cuerpo, pero no un tio recontra panzón con media raya afuera. Cada vez que estén con su enamorada, novia o esposa, y les jala el ojo ver a una chica con un jean de esos, traigan a su mente la imagen del chofer de micro.


Pero no cualquier micro, tiene que ser estos destinados a ser camiones. Es decir, la caja de cambios detrás del motor. Pero como no, el ingenio criollo, hizo de estos camiones, micros. Entonces, teniamos a este chofer panzón, con media raya afuera, sentando al costado del motor con la caja de cambios muy detrás de él, la cual lograba mover gracias a una larguísima palanca de cambios.

Esta palanca debía tener, para mayor confort y ergonomía del piloto, una bola de billar. La 8 generalmente, la de color negro. Y si hablamos de confort y ergonomía (concepto bajo el cual las cosas se deben adaptar al cuerpo humano), no puedo dejar de mencionar los pedales de acelerador, freno y embrague. Estos dos últimos de forma cuadrada, algo rectangular en realidad, pero el acelerador era un pie. Sí, la planta del pie en realidad, con sus cinco dedos, siendo el izquierdo el más gordito y grande. Me imagino que esto permitía mejores aceleradas y frenadas (si es que tuvieran frenos, bueno los tenían, si es que funcionaran apropiadamente mejor dicho).


Bueno, en esos micros me movilizaba. Solo, en epoca de vacaciones; y con mi amiga del alma Nair, en epoca de colegio. Me acuerdo que rogabamos que nos recogiera el bendito micro, más aún en época de paro. Veníamos colgados. Debo decir que siempre hice mi mejor esfuerzo por mantener siempre a buen recaudo a mi querida amiga, haciéndola ir delante a la ida, y resguardándola siempre de cualquier "puntero mentiroso" al regreso.


Pero también habían los micros que sí habían sido concebidos para el transporte publico. Con la puerta posterior para la entrada de pasajeros. En uno de estos sucedió una vez que, a punto de cruzar Juan de Arona, en pleno centro de San Isidro, un señor hace su mejor esfuerzo para ingresar al bus y el chofer ya había activado el sistema hidraúlico para cerrar la puerta (sonaba tisssssssssssssss!). El señor se quedo parado, firmemente agarrado a los manubrios exteriores del Covida con la puerta herméticamente cerrada, hasta casi llegar a Ace Home Center. Cuando finalmente paró el bus, y entró el señor, estaba pálido y obviamente despenaido.


En otro episodio parecido, pero en un bus viejo, otra persona corrió para entrar por la puerta posterior, se agarró del manubrio izquierdo con la mano izquierda(gravísimo error cuando el bus va para adelante), de tal manera que el bus avanzó hacia adelante y el pobre señor quedo estampado contra el lateral izquierdo de la puerta posterior. En lo que se está reincorporando, el bus frena, y esta vez se golpea contra el lado derecho de la puerta. Por suerte ya estaba dentro del bus, en las escaleras de subida. Que pena me dio, pero no voy a negar que no me reí. Quién no rie de las caídas. Alcance a oir al señor este. "Dios mio, ¿por qué?" dijo, lamentándose de su mala suerte.

1 comentario:

  1. Este estuvo buenazo. En alguna ocasión tambien he viajado en El Covida especialmente para ir por el lado de Breña. Mi hermano Roberto jura que El Covida lo lleva a cualquier parte. Me gustaria ver una foto de un Covida para ponerla en mi blog.

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