lunes, 1 de junio de 2009

A la caza del roedor

Eran las once y media de la noche. Ya estabamos durmiendo, cuando en eso escuchamos un ruido por el ropero. Como el cable de televisión pasa por detrás de éste para llegar al televisor, supuse que era el viento que lo movía desde fuera. Yo mismo había hecho esa instalación extra de cable pero digamos que no la terminé del todo: el cable cuelga de un lado al otro de la azotea para luego bajar en diagonal hasta la ventana de nuestro cuarto y "entra" por un agujero que a punta de desarmador hice en el ángulo inferior izquiero del marco de la luna. Pero bueno, a no tener cable qué queda pues.

Para asegurarme y para tranquilizar a mi china me levanté y moví el cable de tv. El sonido era bastante parecido al que habíamos escuchado, asi que quedamos tranquilos. "Efectivamente, fue el cable" pensamos. Apagué la lámpara de la mesa de noche y tratamos nuevamente de conciliar el sueño.

En eso, otra vez el ruido pero ahora por otro mueble del cuarto (un escritorio viejísimo tipo el de Simón Bolivar) y ahora incluía una suerte de rasguños. !Ah no! dije y me incorporé rápidamente. "China. Rata!" le dije. No es que mi chinita sea una rata, vean que he puesto un punto seguido.

Prendí nuevamente la lámpara y me dirigí hacia el clóset. Tenía que sacar de inmediato a lo que estuviera ahí porque al costado estaba la cuna de la bebé, de mi Lucianita. Aún no estabamos seguros de lo que era (aunque teníamos casi la certeza de que era un roedor, ¿qué más podía ser?), asi que la china llevó a la bebé al cuarto de su mamá y la acostó en la cama.

Cuando ella regresó, yo ya había movido el closet en donde se escuchó por primera vez el sonido y no encontré nada. Entonces juntos movimos la cuna de la bebé (la cual estaba en una de las esquinas del cuarto). Al mover el mueble de Bolivar vimos una sombra que saltó a unos 40 cms del piso y siguió corriendo hacia la esquina del cuarto donde estaba la cuna para finalmente esconderse detrás del clóset.

Mi china dio tal grito que me asustó aún más que el hecho de haber comprobado que se trataba de un roedor. Y no cualquier roedor, era una tremenda rata, una muca; del tamaño de un gato (cola incluída). Después nos enteramos de tres o cuatro incursiones más de estos animales en vecinos de la cuadra debido a un ducto de desague mal cerrado por Sedapal.

Ante el hecho confirmado de la presencia del roedor, mandé a mi china al cuarto de sus papás y pedí ayuda a mi suegro (El Akún) para matar a nuestro visitante nocturno. Es así que prendimos la luz del cuarto y cerramos la puerta y las ventanas. Teníamos sendas escobas en nuestras manos y mi función era hacer correr al animal para que mi suegro le pueda dar de escobazos hasta causarle la muerte.

En una de esas, el animal corre desde el closet hasta detrás de la cabecera de nuestra cama, y es ahi que se me ocurré empotrar uno de los dos cajones que tenía debajo de la cama contra la cabecera. Estos eran de otra cama, mucho más grande y robusta, y que mi cuñado decidió dejar y no llevárselos a su nuevo departamento.
Uno de los cajones atrapó al roedor y éste emitió un agudísimo chillido. Yo sabía que lo tenía atrapado por que cada vez que presionaba el cajón contra la cabecera, chilliba aún más. Le pedí entonces a mi suegro que arrimara el colchon tamaño queen para ver al animal. Asi lo hizo y pudo verlo. Yo me negaba a hacerlo. Sentía demasiado asco.

No le podía dar de lleno el golpe asi que decidimos hecharle algo en la cara para tratar de matarlo. Probamos con alcohol y nada. Luego, pensamos en rociarle algún spray. Mi china sugirió mi desodorante, y ni hablar, ¡cuesta caro!. Entonces mi suegro me dijo: "No queda más que le des un golpe con una de las tablas de la cama". Al principio me negé, pero al ver que no había otra solución, tuve que aceptar.

Pero eso sí, no quería ver. Saqué una de las tablas de la cama y le pedí a mi suegro que acomodara el extremo asesino de la tabla con el que le daría la estocada final. Asi lo hizo, y cuando dijo "¡Dale!" me arme de valor y comencé a dar repetidos golpes, sin mirar. Era obvio que no fallaba ni uno por que los chillidos eran ya más fuertes y más agudos.

Todo estaba consumado. El roedor había muerto. No quise ver el cadáver. El Akún se encargo de llevarse el cuerpo y mi chinita de sacar la ropa que había en esos dos cajones. Por suerte era ropa vieja, casi en desuso. Algunos polos pasaron a ser trapos para limpiar mi carro, otros se regalaron.

Nunca pensé que algo así me ocurriría, y estoy seguro que al leer esto (si es que no les ha dado demasiado asco y han podido llegar hasta esta parte del relato) ustedes pensarán que tremenda rata jamás puede llegar a la casa, y menos subir por las escaleras hasta los cuartos. Pero sí lo hacen.

Nunca voy a olvidar los chillidos del animal. Por suerte no lo vi. Lo ajusticié cobardemente, sin verle a los ojos, pero es por ello que al menos no tengo el recuerdo de su mirada.

2 comentarios:

  1. Que curioso, ayer justamente se metio una rata a la cocina de la casa de mis padres (yo vivo en el duplex), debe ser que ahora abundan en San Borja, querido vecino.
    Mi historia ocurrio alrededor del mediodia, yo me encuentro de vacaciones, asi que al escuchar los gritos despavoridos de Panchita (nuestra "natachita"), bajé al toque para ver que sucedia, y me di con la sorpresa de ver un rataza (mismo romulo leon). Entonces, proveido de escobas y con la colaboracion de Panchita, la arrincamos en una esquina y le dimos de escobazos, una vez knockeada le di el puntillazo final con la punta del mango de la escoba; la verdad es que me senti todo un mataor...

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  2. chillaba como aquella rata que pisaste en medio del parque castilla esa noche?

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